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Anécdota enviada por:
Fernando Silva Álvarez a Fernando Meléndez R.
27/02/2006
Para
tu conocimiento y orgullo de hijo sobre la calidad de tu papá, te relato un
detalle vivido por mí en mis años mozos, pero muy mozos en Maracay (1958). Yo
trabajaba allá y por razones lógicas me reunía con él los viernes en las tardes
para tomar cervezas en un bar, frente de tu casa (la casa se encontraba a un
lado de la clínica, en una calle lateral) cuyo propietario recuerdo claramente
se llamaba Elio. A esas reuniones familiares se fueron agregando poco a poco
empleados de
Observé que el se armó de una linterna que encendía al entrar a cada cuarto y
la apagaba al salir. Le dije que porque no encendía las luces de los cuartos para
verlos mejor y me dijo que era para no despertarlos. Quiero que te des cuenta
que realmente lo que estaba haciendo era respetar el sueño de ustedes. Vi que
tras revisar a todos sus cachorros, regresaba a su cuarto y colocaba la
linterna en un sitió que era muy fácilmente localizable al tacto y a oscuras.
Creo que tu papá vivía solo por esa época, pues no recuerdo a Judith en la casa
en esos días. Recuerdo además que él tenía un carro Mercury azul.
De estos recuerdos han pasado muchos años, posiblemente demasiados y pudiese
haber alguna inexactitud, pero el fondo del relato sobre la linterna es real,
tanto así que muchos años después cuando me llegó el turno de ser papá, hice lo
mismo, pero sin linterna, ésta no hacía falta porque la luz del bombillo en el
corredor del apartamento me permitía ver sin dificultad los tres niños. En el
caso de él se trataba de una casa. Es diferente.
Fernando Silva Álvarez
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