GENERAL DE DIVISIÓN JACINTO LARA MELÉNDEZ

                                          


UNA CARRERA MILITAR VERTIGINOSA, que empezó entre Araure y Ospino, como Jefe de Milicias y terminó en Ayacucho como General de División, ascendido en pleno campo de batalla, llevó al Libertador Simón Bolívar a denominar a Jacinto Lara: El Ulises de Colombia.

Jacinto Lara Meléndez nació en Carora, Estado Lara, en la casa situada en la esquina de la calle Torres cruce con la calle San Juan, el 28 de mayo de 1778. Hijo de Miguel de Lara, español de Antequera, y Juana Paula Meléndez, caroreña, desde muy joven se dedicó al comercio de ganado vacuno. Desde los llanos venezolanos transportaba ganado hacia los cen­tros poblados, entre ellos Caracas. En el tráfico de ganado conoció y fue amigo de José Tomás Boves, hasta que el terrible asturiano se alistó en las filas realistas.

La educación española, dada por el padre, y el nivel que las escue­las o colegios de la Colonia en una pequeña población interiorana, permitía recibir, capacitó a Jacinto Lara M. para ejercer exitosamente la compraventa de ganado vacuno, en cuya actividad logró amasar una importante fortuna para la época. La vida dura del llano le hizo jinete de primera línea, para poder acarrear y controlar grandes rebaños hacia la costa, y le templó brazos y piernas, espíritu y voluntad para el com­bate, para la guerra. En la primera semana de abril de 1810, Jacinto Lara llegó a Cara­cas a vender un rebaño de reses para el consumo local y para el engorde en potreros y haciendas vecinos. El 19 de abril estaba aún en Caracas, agitada por la movilización y conspiración contra el gobierno del Rey Fernando VIL Su contacto con ricos caraqueños comprometidos con la idea independentista que ya se fraguaba entre los miembros de la junta Defensora de los Derechos de Fernando V11 y en la Junta Patriótica, se presentó a los nuevos gobernantes y puso a su disposición su fortuna y su vida. Tenía 32 años. Enterados los miembros de la Junta Supre­ma de las actividades que realizaba Jacinto Lara, le nombraron Jefe de Milicias de Araure y Ospino.

El conocimiento que tenía de la región y el prestigio que disfruta­ba entre los habitantes del llano, por su seriedad y probidad en los negocios que realizó durante algún tiempo, le permiten organizar una pequeña milicia que más tarde convertirá en batallón y ejército de la nueva República. Al proclamarse la independencia el 5 de julio de 1811, Jacinto Lara suma sus huestes a la revolución. Al ser nombrado el Ge­neralísimo Francisco de Miranda, Comandante en Jefe del Ejército, tras el fracaso del Marqués del Toro, el Precursor hace llamar al Coman­dante Lara para que participe en la defensa de la República amenazada por Monteverde. Al frente de sus milicias, Jacinto Lara participa en el asalto y el triunfo del Cerro del Morro y en la toma de Valencia, el 13 de agosto de 1811. Al producirse la Capitulación y por consiguiente la pérdida dé la Primera República, Jacinto Lara vuelve al llano, se interna en la sa­bana que conoce a perfección. Pasa luego a Colombia y se une a Simón Bolívar. Participa en la Campaña Admirable, se destaca en todos sus combates y adquiere el grado de Teniente Coronel.

Perdida la II República se escapa hacia el llano, escenario que le es familiar y en el que al lado de José Antonio Páez toma parte en la mayoría de las escaramuzas y combates que el Centauro llanero libró contra las tropas del Mariscal de Campo, Don Pablo Morillo, enviado por el Rey para someter a los independentistas. En Guayana comanda una pequeña fuerza militar que ejercía el poder en esa zona y custodiaba las Misiones del Caroní. En esa época se produjo el fusilamiento de 22 capuchinos, después del asalto al Convento, por parte de un grupo militar en el que participaban numerosos indígenas. Lara fue acusado de ordenar el fusilamiento sin fórmula de juicio. Investigaciones pos­teriores y en especial la conducta militar y cívica de Jacinto Lara, durante varios años de guerra, incluyendo el período de Guerra a Muerte, demostrarían que el héroe de Carora era un hombre ajeno al ejercicio arbitrario del poder. Incluso, quienes le acusan de ordenar el fusila­miento, admiten o explican que lo hizo en cumplimiento de órdenes su­periores, en circunstancias en que era imposible evitarlo, no sólo por obediencia militar sino también por el ambiente o la atmósfera de guerra sin cuartel, de matanza implacable impuesta por Boves, Zuazola, Mo­rales, Tízcar y otros caudillos partidarios del gobierno colonial. Los azares de la guerra lo llevaron de nuevo al llano. En Casanare, Jacinto Lara se suma al ejército del General Francisco de Paula Santander. Se bate en los llanos colombianos por la libertad. De allí sale de emisario a entrevistarse con el Libertador, para ofrecerle el man­do supremo de la expedición que liberará la Nueva Granada. Santander sería el segundo. Después de atravesar ríos, pantanos y selvas, al ven­cer la inmensidad de la sabana, encontró a Simón Bolívar en Cañafístola. Acompaña al Libertador en la campaña de Nueva Granada. Al encon­trarse con Santander en Taures, Bolívar lo nombra jefe de la vanguar­dia. Segundo de Santander en el mando, el Coronel Jacinto Lara. Par­ticipa en la mayoría de las batallas que conducen a la liberación de la Nueva Granada y Bolívar lo asciende a General de Brigada. Luego lo nombra Gobernador de Cartagena y Santa Marta. Cuando Bolívar emprende la campaña del Sur, lo llama a su Es­tado Mayor. El General Antonio José de Sucre comanda la expedición y nombra a Jacinto Lara, jefe de la retaguardia y por lo tanto custodia del parque militar. Lara se destacará en Corpahuaico, Junín y Ayacucho. En Corpahuaico, la unidad militar que comanda Jacinto Lara fue cer­cada por el enemigo. Al pasar de las horas, Sucre cree perdida toda es­peranza, cree perdido el parque y por lo tanto Junín. Lara dirige las operaciones militares. Ordena al Comandante José Trinidad Morán ata­car por el flanco decisivo. Morán derrota las posiciones realistas. Lara y su fuerza militar avanzan victoriosos. Cuando el General Lara se pre­senta ante su jefe, el General Sucre, éste le pregunta por el parque.

Lara contesta:

¡Carajo! ¿Me ve usted vivo, General, y me pregunta por el parque?. Sucre lo abrazó y continuaron la marcha libertadora. Se unieron a Bolívar y bajo el mando del Libertador, Jacinto Lara sobresale entre los generales victoriosos de Junín, el 6 de agosto de 1824.

Al final de la Campaña del Sur, al mando del General Sucre, Ja­cinto Lara comanda un cuerpo de ejército que se enfrentará al Virrey La Serna en Ayacucho. El papel de Lara en el campo de batalla, induce a Sucre, en nombre de Colombia, de Bolívar y del gobierno a ascen­derlo a General de División. Una vez liberada América del colonialismo español, el Congreso Peruano le concedió a Jacinto Lara el grado de General de los Ejércitos de aquella República. Al abandonar Bolívar al Perú, de regreso a Bo­gotá, dejó al General Lara en Lima, comandante de la III División del Ejército de Colombia. Una conspiración anticolombiana, dirigida por el Comandante José Bustamante y otros jefes y políticos peruanos, lo re­dujeron a prisión y lo expulsaron a Colombia con un grupo de oficiales colombianos. Dadas las explicaciones a Bolívar, Presidente de Colom­bia, a través de los organismos correspondientes, Jacinto Lara solicitó licencia y se residenció en Carora. Enterado Bolívar de la decisión y una vez conocido el expediente de la conspiración de Lima y absuelto de responsabilidad el General Jacinto Lara, nombró a éste Intendente y Comandante General del Departamento Orinoco. Fiel al Libertador y a Colombia, aunque resentida su salud, Jacinto Lara aceptó el cargo y se trasladó a Guayana. En el ejercicio del cargo de Intendente y Coman­dante General del Departamento Orinoco, inicia correspondencia con Bolívar, en la que queda patentizada su capacidad administrativa, su generosidad en el mando, su adhesión a los principios que llevaron a Bolívar a la creación de Colombia. Nuevamente enfermo, pidió al Libertador que lo sustituyera en el carro. A finales de 1829 regresó a Carora. Despojado de sus ahorros por los conspiradores de Lima, inició una vida laboriosa y ejemplar, en la que dio muestras de un gran valor cívico. Se casó con Nemecia Urrieta y se dedicó al trabajo de la tierra. Puesta en práctica su anti­gua experiencia de comprador y vendedor de ganado, adquirió los hatos "Cabra" Y "Quediches". Pastoreando chivos y ganado vacuno en me­nor escala, vio sucumbir a Colombia y sintió morir a su creador, Simón Bolívar. Apartado de las intrigas de la patriecita, fue varias veces acu­sado de elogiar al Libertador en charlas privadas.

En 1843, superada la ola antibolivariana, fue nombrado Gober­nador del Estado que hoy lleva su nombre. Su administración se carac­terizó por la honestidad y el sentido del progreso. Al finalizar su pe­ríodo en 1847, se retiró definitivamente a la vida privada. Un hecho singu­lar revela su valor cívico y su moral ciudadana. Un pleito limítrofe con un vecino en su hato "Quediches", lo perdió en los tribu­nales. jamás utilizó los soles de General de División, las glorias de Junín y Ayacucho ni el poder que le confería su condición real y ver­dadera de héroe de la Patria ' para el tráfico de influencias. Murió a los 81 años, con algunos bienes que recoge su testamento, pero más pobre que cuando se enroló en el ejército para contribuir decisivamente a la independencia de Venezuela y otros países de América.

De Jacinto Lara dijo otro gran caroreño, que también vivió y mu­rió rodeado de la admiración de su pueblo, por su discurrir en el tiempo honesta y dignamente al servicio de la nación, Cecilio Zubillaga Perera, para señalarlo como ejemplo para los venezolanos de hoy:

"Si desfallece nuestra fe en la Patria, mirémoslo, que ella arde en sus ojos como una lámpara perpetua. Si se entibia nuestro fervor nacionalista, mirémoslo, que por ese fervor... ardió su pecho. Y si senti­mos mengua en nuestra honorabilidad cívica, mirémoslo, que nunca, ni en la guerra, ni en la paz, ni como soldado ni corno ciudadano, se descubrieron sin decoro esas canas, ni se levantó sin dignidad esa ca­beza".

BIBLIOGRAFIA

J.M., ZUBILLAGA PERERA. Procerato Caroreño. Tipografía El Impulso. Barquí­simeto, 1941.

CARTAS DEL LIBERTADOR. Obras completas. Editorial Lex. La Habana, Cuba, 1950.

O'LEARY. Memorias.

TELASCO MAC-PHERSON. Diccionario del Estado Lara. Edít. Elite. Caracas, 1941.