La yuca está dura y el casabe aguao.
Aquiles
Nazoa
I Acto: La
Invitación
No hay nada peor en el
mundo que ser invitado a preparar una parrilla para los amigos y familiares.
Uno está tranquilo en su cama, de pronto suena el teléfono porque a alguien se
le ocurrió hacer una parrilla al aire libre en su casa y quiere que lo
ayudemos. Allí comienza el calvario.
Cuando llegamos a casa
de nuestro invitante, lo vemos hiperkinético desplazándose de un lado a otro,
esperándonos para comprar "las cosas"(así se llaman los ingredientes
de cualquier parrilla que se respete). Inexplicablemente, todo el mundo conoce
una carnicería "buenísima" que casi siempre queda lo más lejos
posible de la casa en donde se va a cocinar. Y hasta allá vamos.
Ya son las once de la
mañana y comienza la presión porque los invitados amenazaron con llegar a las
12:30 am. Para enredar la cosa, la esposa de nuestro amigo se acuerda de que no
hay papel toilette, jabón, comino, un destapador y encarga además un Kino
porque el domingo juegan mil millones.
Once y media am. ¡Por
fin! Salimos a hacer las compras y pasa lo inevitable; hay que echarle gasolina
al carro. Cuando terminamos de llegar a la fulana carnicería es tardísimo y
todavía nos falta comprar el carbón, las sodas, el hielo, las servilletas y la
yuca, además de la lista de los corotos que nos encargó la señora que a esa
hora está cual cuaima secretando veneno porque no hemos llegado y los
comensales sí.
Cosa espantosa es
llegar con el corotero y que la mayoría de los invitados estén instalados en la
casa, ávidos de caña y comida. Es que te clavan una mirada caníbal y puyúa que
mientras caminas te persigue de manera brutal y parece gritar a tu paso:
"¡Eres un tequeño! ¡Tú eres un tequeño...!
Generalmente, a esa
hora, ya la dueña de la casa está totalmente cuaimatizada, transformada en una
bestia espantosa que no solo regaña al esposo sino también al pendejo que lo
acompaña: "¡Yo sabía que si se iba contigo se demoraría más! ¡No, si es
que lo veo clarito, segurito que se pusieron a tomar cerveza!".
II Acto: La
Tragedia
Un gentío en el patio
tratando de prender unos carbones que se niegan rotundamente ponerse al rojo
vivo. Prender carbones es como quitar el hipo, todo el mundo tiene una técnica
infalible: y sopla, y se le ponen servilletas encendidas y le echas alcohol, y
le prendes hojitas ¡Y los malditos carbones nada que encienden!
Dígame cuando se pone
la carne y los chorizos en el asador, allí también todo el mundo es experto. A
nadie le parece que la carne está buena, en cambio, todos coinciden en que los
chorizos están muy grasosos y la morcilla muy seca y no pela una vieja con cara
de juez de cuarenta y un añitos de cúpulas podridas, que con la boca atapuzá,
dice "¿Y de donde sacaron ese casabe tan aguao? Por mi casa venden uno
buenísimo". Luego, en el fondo, en un rincón olvidado hasta por los
perros, un viejo barrigón que nadie sabe quién lo invitó, grita: "¿esto es
casabe o cartón piedra?... por mi casa venden uno buenísimo..." y más allá
brinca otro diciendo: "Me imagino que hay guasacaca".
Entonces hay que salir
esmachetao a la cocina a ver qué vegetales se pueden licuar a la carrera para
inventar una guasacaca. "Suelta eso!", te grita en la patica de la
oreja la dueña de casa, "¡ni te atrevas a agarrar ese aguacate que es para
mi mascarilla!". En esa, un muchachito que ha estado jodiendo toda la
tarde haciendo "gracias" como echar abejas y lagartijas a la
parrilla, se pone a gritar frenético: "¡Se está quemando la carne!"
¡Se está quemando la carne!" Al principio nadie le cree al hijo de su
madre, pero al poco tiempo, la realidad nos abruma ¡Sí!, se está quemando la
carne, y salimos corriendo al patio, sudorosos y con el ritmo cardíaco
acelerado mientras la licuadora bate los aguacates a riesgo de contrariar a la
mujer de tu amigo. Agotados y en medio del humo, volteamos con pulso tembloroso
la punta trasera, de pronto alguien grita desde la cocina: "¡No apretaron
bien la goma de la licuadora y se está botando la guasacaca!" Y pensar que
todavía faltan las críticas con respecto a la yuca: que si está venenosa, que
si está babosa, que si mejor hubieran comprado hallaquita, etc.
III Acto: El
Desenlace
Todo placer tiene su calvario, pero la próxima vez que me inviten a una parrilla casera, yo invito a que me inviten a la orilla de cualquier carretera, así tenga que pelear a brazo partido con las moscas y escuchar obligado música criolla de cuarta categoría.